Un cambio radical
Hace poco leí una noticia en la que muchos de los desempleados en Detroit, entre otras ciudades afectadas por los cierres de fábricas automovilísticas, están volviendo a la escuela. Ya sea por medio de educación online, colegios comunitarios o universidades, se están moviendo, están saliendo del estancamiento del sueldo mínimo. Muchos eligen profesiones relacionadas a la salud, otros a la educación, y unos pocos a la tecnología. El shock de quedarse prácticamente en la calle, con un dinerito que cubriría por un tiempito, les hizo darse cuenta que hay otras opciones, que es cosa de buscar.
Puerto Rico padece de esta misma situación. Desde el cierre de las 936 -compañías que gozaban de subsidios en los impuestos- y el fin de las 30 A -un subsidio temporero para aquellas compañías que quedaron después de las 936- el cierre de fábricas, de plantas de manufactura, de producción y farmacia no se han detenido. Las propuestas económicas del Estado Libre Asociado habían envejecido y nadie sabía qué hacer ante su retiro. La gente comenzó a depender del gobierno, de sus incentivos, trabajo, welfare y subsidios. Sólo una amenazada clase media sobrevivía en la empresa privada o en los pequeños negocios, muchas veces también dependientes de la ayuda gubernamental.
El estado benefactor crecía y los gobernadores de turno se daban la patá de qué mucho hacían por el país. No contaban, sin embargo, con que la situación internacional de un término medio iba a quemarse. El petróleo -sin ninguna explicación convincente de parte de las autoridades a cargo de la refinería y el mercado- ha estado subiendo desde mediados del año pasado y parece que no va a detenerse. A causa de este aumento, todo lo demás tambi’en ha subido: los alimentos, los cargos de envío de correo, los artículos de primera necesidad, las utilidades, las aerolíneas, etc. El mercado de bienes raíces también cayó al piso, y, aunque poco a poco se recupera, no da para que mejore la situación actual. El gobierno puertorriqueño tuvo que enfrentarse a lo extra-insular, a la economía estadounidense -de la cual depende totalmente- y al quiebre final de la “L” del ELA.
La clase media, la que paga contribuciones, empezó a decaer. También empezó a quedarse sin trabajo, a no producir el suficiente ingreso para pagar todos los aumentos y a verse más apretado que un jamón en sándwich de plancha. Los profesionales no lo pensaron dos veces. Se fueron a Estados Unidos, a Europa, a donde hubiese trabajo. Los menos preparados comenzaron el ir y venir, a radicarse en Orlando, trabajar a sueldo mínimo, a verse en la misma situación que en Puerto Rico, a regresarse porque extrañan, a endeudarse con tanto viaje y a no mejorar. Estos también pagan contribuciones, y son los que ahora, como dice la Jovet, no empatan a final de mes. La motivación que se ha visto en Detroit, sin embargo, no ha sucedido. Siguen trabajando en lo que se puede, buscando palas que den plazas en el gobierno, y recargando las tarjetas de crédito.
El cargo por crédito en la Universidad de Puerto Rico es de $55. La Beca Pell, prácticamente, se da a todo el mundo. Otros colegios vocacionales están llenos de posibilidades y también dan incentivos de ayuda. El puertorriqueño común, sin embargo, no hace nada por salir del hoyo. Se culpa al gobierno de todo. No ven más allá. No se dan cuenta que la crisis es internacional. Es cierto que el gobierno puede tomar algunas decisiones que amainen los costos, que diversifique la economía y que motive la inversión. Mudarse a Estados Unidos no es la solución. Las cosas acá -y allá- están en las mismas. Los hospitales, mientras tanto, siguen pidiendo enfermeras, técnicos de la salud; las escuelas carecen de maestros, orientadores y consejeros; las empresas tecnológicas están ávidas por nuevas ideas. Y esto no sólo en la isla, también los estados.
¿Qué pasa Puerto Rico? Para mejorar hay que trabajar, pero no quieres. Mejor es quedarte donde estás, hacer chiripas… Ni siquiera tocar fondo te ha hecho reaccionar. Hay que ver mundo, educarse, prestar atención a las postulaciones políticas pero sin politiquería, pelear por lo que se quiere dentro de las circunstancias que lo permitan. Hay cosas que están fuera de tu control, pero no hacia dónde, como individuo, vas a ir. Hay que hacer un cambio radical, y este adjetivo no está relacionado con tirar bombas, como comentó una reportera el día de hoy. Radical significa contundente, desde lo más hondo, desde la raíz del problema, analizar, cuestionar, buscar soluciones, y echar pa’lante. Nadie dijo que era fácil, pero se puede bregar.

Escribe un comentario